Opinión: La llegada de la bio-seguridad de estado

Cómo la epidemia del Covid-19 y la reacción del gobierno chino ante sus secuelas podrían conducir a nuevas formas de control y vigilancia sobre la población.

Texto original escrito por Jeremy Goldkorn / 14 de febrero, 2020.

“Ahora lo puedo ver claramente. El sistema está roto. Tengo que salir “.

Eso es lo que un amigo chino me dijo por teléfono esta mañana.

Su padre es alguien de gran importancia en el ejército chino -nunca me han permitido visitar su casa en Beijing. Al igual que muchos de sus compañeros con antecedentes similares, mi amigo estudió artes liberales en una universidad estadounidense, pero regresó a China porque la vida es mucho más fácil si tiene la familia adecuada. Ahora ha cambiado de opinión.

Su caso no es único. Ansiedades de ese tipo están escritas por todas las redes sociales chinas. Desde el accidente del tren de alta velocidad de Wenzhou en 2011, no había visto un rango tan amplio de personas quejándose en Internet del gobierno. En 2011  incluso el diario del partido comunista chino se lamentó de las políticas gubernamentales, diciendo “no queremos un PIB manchado con sangre”.

Pero el Partido [Comunista de China] enfrentó rápidamente esa crisis de confianza en el sistema. Hoy la red de trenes de alta velocidad de China ha vuelto a ser considerada un orgulloso éxito nacional, tanto por el Partido como por la gente común y corriente.

Algo similar ocuirrió con el terremoto de Sichuan de 2008. Durante las primeras semanas después de la catástrofe, la prensa y numerosos blogueros chinos informaron sobre la negligencia del gobierno, y los miles de niños que fallecieron al colapsar sus escuelas mal construidas, produ7ctyo de la malversación de fondos de contrucción por parte de las autoridades locales. Sin embargo, el Estado-Partido rápidamente intervino para silenciar voces disidentes y contar la historia del terremoto desde una perspectiva de orgullo nacionalista y eficiencia estatal. La misma dinámica ocurrió durante la epidemia del SARS de 2003.

El economista Andrew Batson, que igual que yo vivía en Beijing durante 2003, tiene un argumento similar: “En última instancia, sospecho que el brote de coronavirus pasará a la historia oficial como otra victoria del poder estatal chino, tal como lo hizo con la respuesta al SARS, o la operación de ayuda durante el terremoto de Wenchuan [Sichuan] de 2008”.

Batson agrega un punto importante:

Una cosa claramente demostrada por la respuesta de China al brote del coronavirus es que el estado chino es efectivamente hoy más poderoso, más efectivo y más organizado que en 2003. Su respuesta a este brote es más contundente que la respuesta al SARS porque, en parte, lo puede hacer.

Creo que este aumento en el poder estatal debería ser, a diferencia de la mirada actual, un elemento más relevante en la descripción de cómo China ha cambiado en las últimas dos décadas.

Esta mirada sobre el poder estatal, o del poder del Estado-Partido para ser más precisos, es una corrección necesaria ante las fantasías de cambio de régimen que mencionan algunas discusiones sobre la epidemia. Sin duda, todos los regímenes autoritarios son estables, hasta que repentinamente un día ya no lo son. El propio líder Xí Jìnpíng 习近平 dijo que la “epidemia es un exámen mayor para el sistema y la capacidad de gobernar de China”. Titulares como “Cómo el coronavirus amenaza el ‘sueño chino’ de Xi“, y “Xi Jinping pueden podría perder el control de la historia del coronavirus” no se equivocan, pero no cuentan toda la historia.

Un titular igualmente plausible sería “Cómo el coronavirus fortalecerá el estado de vigilancia de China”.

El artículo de la agencia estatal de noticias Xinhua que cita a Xi sobre el desafío presentado por el virus, también establece el su plan para enfrentarlo (versión en mandarín). Admirablemente, Xi menciona la necesidad de leyes para la protección de la vida silvestre y la mejoría de los sistemas de seguros de salud. Menos encomiable es la ausencia de uno de los principales problemas expuestos por la epidemia: China no tiene suficientes clínicas comunitarias, centros de atención primaria y médicos de cabecera, por lo que los grandes hospitales de las ciudades más pobladas están constantemente abarrotados de pacientes que buscan tratamiento de todo tipo, desde un resfriado común hasta un cáncer. En una epidemia, esos mismos hospitales simplemente no pueden dar abasto. Naturalmente, Xi, a quien se debe obedecer, no menciona la supresión de la libertad de expresión, que provocó demoras en informar al público sobre el Covid-19.

La parte más interesante de las observaciones de Xi en el artículo de Xinhua es quizás esta:

Xi… también destacó la aceleración del establecimiento de una ley sobre bioseguridad…

El sistema de tratamiento para grandes epidemias también debe mejorarse, señaló Xi, alentando la aplicación de tecnologías digitales, incluyendo big data, inteligencia artificial y computación en la nube en tareas como el monitoreo de epidemias, el rastreo de fuentes de virus, la prevención y tratamiento de epidemias, y la asignación de recursos.

Ya tenemos una idea de cómo sería esto: hace pocos indicamos que la ciudad de Shenyang, al noroeste del país, había lanzado un sistema de registro de nombres reales para el transporte público, que exige a los pasajeros entregar sus datos personales a través de un código QR antes de abordar el transporte público. Esto es lo que escribí sobre la medida:

Es probable que muchas otras ciudades implementen medidas similares: la infraestructura digital ya está instalada, al igual que la justificación de rastrear a los pasajeros. Durante un brote epidémico las personas darán prioridad a su salud por sobre preocupaciones abstractas relacionadas con su privacidad.

Sin embargo, una vez que termine la epidemia, es probable que el gobierno no renuncie a ninguna nueva herramienta que haya ganado para rastrear ciudadanos, tal como ocurrió con los controles de seguridad y equipos de vigilancia instalados previo a los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, y que funcionan hasta hoy.

Las observaciones de Xi Jinping sobre big data y rastreo de fuentes epidemiológicas parecen confirmar esta sospecha. La policía china ya no tiene reparos en exigir pruebas de orina y tomar muestras de folículos capilares a cualquier persona que considere sospechosa de estar usando drogas ilícitas. El Partido siempre ha tratado los úteros de las mujeres chinas como activos nacionales, y tiene un largo historial evitando que portadoras de enfermedades, como la hepatitis, accedan a educación y empleo.

Cuando la nueva ley de bioseguridad de Xi esté vigente, si tu cuerpo se encuentra en China, el estado exigirá tener acceso a sus secretos.

Jeremy Goldkorn trabajó en China durante 20 años como editor y emprendedor. Hoy es editor en jefe de SupChina y cofundador de Sinica Podcast.